Capítulo 18 · Comprometida desde el capítulo 17. Ahora busca fecha y finca para su propia boda, y aprende que manda el calendario de otro.
Organizar la boda
Elegimos un sábado de junio con una copa de cava todavía en la mano y nos pareció la decisión más fácil de toda la boda. Llamamos a cuatro sitios y los cuatro nos dijeron que no. Esto es lo que aprendí eligiendo fecha y finca sin perder la cabeza — ni el sábado.

Foto de Towfiqu barbhuiya en Unsplash
La noche que nos prometimos fue un martes, sin épica, en el sofá de casa. Esta fue distinta: la del calendario. Marcos sacó el que le regalan cada enero en el banco, con fotos del Zoo de Madrid, y dijo: "trece de junio, es sábado, no hace ni frío ni calor, listo". Lo escribimos en mayúsculas en la pizarra de la cocina, donde antes solo había una lista de la compra a medio terminar. Parecía tan resuelto que casi dio pena lo fácil que había sido.
A la mañana siguiente llamé a Los Alisos, la finca donde se casó Bea hace dos veranos, donde lloré en la ceremonia y Marcos me prestó el pañuelo que tardé un café de tres horas en devolverle, ya lavado. Pregunté por el 13 de junio de 2027 con la misma tranquilidad con la que se pide mesa para cenar. Silencio al otro lado, y luego una risa floja. "Junio de 2027 lo cerramos en enero de este año." Colgué un momento para asimilar que hablaban de un año que a mí todavía me sonaba a ciencia ficción.
El cuarto no fue el que nos hizo pensar. No era un no de fecha: traía una alternativa dentro, cambia el día y el precio cambia contigo. Ahí entendí algo que se me había escapado en veintisiete bodas vistas desde la mesa de invitados: uno nunca ve las llamadas que hay detrás de una fecha, solo el resultado, con el mantel ya puesto.
Nos habíamos peleado media hora por si el trece o el veinte de junio, y ninguno de los dos importaba: importaba qué finca, con qué aforo y con qué agenda tenía sitio libre ese fin de semana concreto. Elegir fecha de boda no es elegir una fecha. Es elegir entre las fechas que alguien más todavía no ha vendido.
De las veintisiete bodas que llevo contadas, veintiuna caían en sábado de mayo, junio o septiembre
No hace falta un informe para saberlo, aunque yo lo comprobé con la libreta delante: veintiuna de veintisiete, todas peleando por el mismo puñado de sábados con buena luz y buen precio. La temporada alta no es un cartel en una web, es la fila que no ves hasta que llamas tú.
El hotel de Chinchón nos hizo mirar algo que no se nos había ocurrido: casarse fuera de sábado. Viernes o domingo, entre un 15 % y un 20 % menos según lo que nos han cotizado estas semanas, y sitio de sobra incluso en fincas con lista de espera. La pega es de otro tipo: algunos invitados con horario fijo no pueden permitirse un viernes de boda a doscientos kilómetros y currar el lunes igual. Hicimos una lista rápida de quién de los nuestros tenía ese problema, y no era tan larga como pensábamos.
Con las cuatro llamadas hechas, esto es lo que me ha quedado claro: en temporada alta (mayo, junio, septiembre) hay que mirar la finca con doce a dieciocho meses de margen, mínimo. Fuera de temporada, o entre semana, seis meses pueden bastar — a veces menos, con suerte y una cancelación de por medio. No está escrito en ningún sitio: es lo que hemos ido escuchando en cada llamada, "ese mes ya no" o "ese sí, pero corriendo".
Cuando por fin encontramos un sí, fuimos a verlo con una lista de preguntas escritas en el móvil, hechas a base de los noes anteriores:
No era el sábado de junio de la pizarra. Es un viernes de septiembre, con la luz ya más baja y el aforo de Los Nogales marcado en rotulador: noventa personas, ni una más. Borramos el trece de junio sin ceremonia — la boda ya nos había enseñado la primera lección antes de tener fecha siquiera: no manda el calendario que tú quieres, manda el que hay libre. Lo que no sabíamos todavía es que "noventa" iba a ser la palabra que más discusiones nos iba a dar en las próximas dos semanas.
Preguntas frecuentes
En temporada alta (mayo, junio, septiembre) conviene mirarlo con doce a dieciocho meses de margen. Fuera de temporada, o entre semana, seis meses pueden bastar, a veces menos con una cancelación de suerte.
Mayo, junio y septiembre, con diferencia. Son los meses sin demasiado calor ni demasiado frío, y por eso concentran la mayoría de las fechas buenas — y las listas de espera más largas.
Sí, entre un 15 % y un 20 % según lo que hemos visto cotizado, y con más disponibilidad incluso en fincas con lista de espera en sábado. La pega es que algunos invitados con trabajo fijo no pueden permitirse un viernes lejos de casa.
Si la fecha es exclusiva, qué plan B hay si llueve, hasta qué hora se puede montar y desmontar, si hay hora de corte para la música, y el aforo máximo del espacio cerrado por si hace falta meter a todos dentro.
Algo tiene que ceder: el mes, el día de la semana o el sitio. Intentar mover los tres a la vez es como llamar cuatro veces sin sacar nada — a nosotros nos funcionó ceder el día de la semana.
El diario de Aitana es un relato: los personajes son inventados, los consejos no.
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