Capítulo 7 · Peor primera cita del año, en un café de veinte minutos. Sigue soltera, y ahora además con una lista de invitados memorizada para una boda que no existe.
Organizar la boda
Fueron veinte minutos. Un café, ya frío cuando llegó, y él mirando el móvil más de lo que me miraba a mí. Fue la peor primera cita del año, y lo sé porque solo llevo dos. Volviendo a casa me dio por pensar en tonterías, y una de esas tonterías resultó ser un problema serio: la lista de invitados de una boda que ni siquiera existe.

Foto de Todd Trapani en Unsplash
Se llamaba Álvaro, o eso decía el perfil, y quedamos en una cafetería de cadena cerca de una boca de metro porque «me pilla de paso», que ya es la primera señal que ignoré. Pidió un café con hielo en pleno enero, miró el móvil al sentarse, otra vez al levantarse a por servilletas, y una tercera cuando le pregunté si le gustaba su trabajo. Contestó a esa pregunta con una palabra.
A los veinte minutos exactos —los miré en mi propio móvil, con la excusa de ver la hora— dijo que tenía que madrugar. Eran las siete y media de la tarde de un sábado. Le dije que yo también, cosa que no era verdad, y nos fuimos cada uno a su casa sin que hubiera pasado nada que mereciera un mal recuerdo. Solo aburrimiento, del bueno, del que no deja ni rencor.
De vuelta a casa, caminando porque el metro de las siete y media de un sábado es un sitio al que no quiero ir con esa cara, empecé a jugar a lo de siempre: pensar en tonterías para no pensar en la cita. Y por algún motivo que no sabría explicar, la tontería de esa noche fue imaginar a quién invitaría yo a una boda hipotética, la mía, si algún día la hubiera.
Empecé por Bea, evidente. Luego mis padres, Nuria. Después mi prima Vero, que se casa en septiembre y con la que ahora tengo más relación de la que tuvimos en quince años. Para cuando llegué a mi portal, la lista mental llevaba más de cuarenta nombres y un problema real: no sabía dónde parar.
Esa noche, antes de dormir, abrí una nota en el móvil solo para ver hasta dónde llegaba el número, y acabé con un esquema de círculos que después le enseñé a Nuria, y que ella misma usó meses más tarde para algo suyo. Funciona así:
| Círculo | Quién entra | Cómo decidir |
|---|---|---|
| 1 — el núcleo | Padres, hermanos, pareja, sobrinos | Van todos, sin excepción ni debate |
| 2 — la familia extendida | Tíos, primos, abuelos | El criterio del año: si os habéis visto o hablado en los últimos doce meses, entran |
| 3 — los de siempre | Amigos íntimos, compañeros de toda la vida | Los que estarían en tu boda si te llamaran ahora mismo para contártelo |
| 4 — los de quizá | Compañeros de trabajo, conocidos, "hay que invitarlo" | El primer círculo que se recorta si hace falta bajar el número |
El segundo círculo es el que más discusiones da, y el criterio que mejor me ha funcionado —se lo copié a una madrina que conocí en la boda 19— es simple: si este año no os habéis visto ni escrito más que por un cumpleaños de grupo, ese primo no entra por obligación. Entra si la pareja quiere, no porque «siempre se ha invitado a esa rama de la familia».
Lo segundo que descubrí esa noche, ya con la nota llena de nombres: cada «y pareja» dobla el problema sin doblar necesariamente el cariño. La regla que más he visto funcionar: acompañante fijo si llevan un tiempo serio juntos —da igual el número exacto, pero se nota cuándo es una relación y cuándo es una cita reciente—, y no automático solo por trabajar juntos o ser amigos de toda la vida sin pareja estable. Si la duda persiste, se pregunta directamente. Es incómodo un minuto y ahorra un conflicto de tres meses.
Esto no lo aprendí esa noche sino después, cotilleando bodas ajenas, pero encaja aquí: la lista se tuerce cuando cada parte —la pareja y ambas familias— la hace por su cuenta y las juntan al final, con sorpresas. Lo que mejor funciona es un número por bando, pactado ANTES de escribir un solo nombre, y no después de que alguien ya se haya hecho ilusiones.
Llegué a mi portal con cuarenta y tres nombres apuntados para una boda sin fecha, sin novio y, de momento, sin la más remota posibilidad. Borré la nota, me reí sola en el rellano como quien no ha hecho nada raro, y me metí en la cama pensando que la peor cita del año, al menos, me había dado algo que contar. La lista, por si sirve de algo, la tengo memorizada. Por si acaso.
Preguntas frecuentes
Por círculos, de dentro hacia fuera: primero el núcleo (padres, hermanos, pareja), luego la familia extendida, después los amigos de siempre y al final los de "quizá". Se recorta desde fuera hacia dentro, nunca al revés.
Preguntarte si este año os habéis visto o hablado más allá de un mensaje de cumpleaños de grupo. Si la respuesta es no, ese familiar o amigo no entra por obligación: entra si de verdad se quiere que esté.
No a cualquiera. Tiene sentido con relaciones estables y conocidas; con una cita reciente o un compañero de trabajo sin pareja fija, mejor preguntar antes de dar por hecho el "y pareja".
Funciona mejor pactando un número de invitados por cada bando ANTES de escribir un solo nombre, no repartiendo listas ya hechas al final y descubriendo las sorpresas juntos.
Por el círculo de "quizá": compañeros de trabajo, conocidos y el "hay que invitarlo" de turno. El núcleo y la familia directa no se tocan.
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