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Capítulo 3 · Sigue soltera, todavía sin subir a la 28. Una noche sin sueño acaba fisgando la web de boda de su prima Vero.

La web de la boda

Qué poner en la web de la boda (cotilleando la de mi prima)

Eran las dos de la madrugada y no debía estar mirando el móvil. Abrí la web de la boda de mi prima Vero solo para comprobar la hora de la ceremonia, y cuarenta minutos después tenía quince pestañas abiertas de bodas de gente que no conozco de nada. Esto es lo que saqué en claro de tanto cotilleo, a horas que no son horas.

Un MacBook apoyado sobre una tabla de madera encima de un sofá, con un pie descalzo asomando bajo una manta de punto

Foto de Meghan Mosser en Unsplash

Las dos de la madrugada y la web de mi prima

Vero se casa en septiembre, en un cortijo a las afueras de Écija, y me mandó el enlace hace semanas. Lo tenía abierto en una pestaña sin mirarlo desde entonces. Esa noche, sin sueño, entré solo para comprobar la hora de la ceremonia — y acabé leyendo hasta la sección de "nuestra historia", que ni sabía que existía.

No debería sorprenderme nada de lo que hace mi prima con un formulario web —trabaja de administrativa en un hospital y organiza turnos de veinte personas sin que nadie se queje, que ya es un logro mayor que casarse en un cortijo—, pero aun así me sorprendió. La web estaba mejor pensada que la mitad de las cosas que yo maqueto en el trabajo.

Lo primero que busqué (y no encontré a la primera)

Iba a por la hora y tardé un minuto largo en encontrarla: había que entrar en "Info" y bajar hasta el final. Para una web que se manda por WhatsApp con prisas, eso ya es un fallo. Esto es lo que un invitado necesita ver sin hacer clic de más:

  • Fecha y hora, arriba del todo, no escondida en un menú
  • Dirección exacta con un mapa que se pueda abrir en el móvil
  • Cómo llegar si no hay coche propio: autobús, parking o algo organizado
  • Alojamiento cerca, con un par de opciones y sus precios orientativos
  • Código de vestimenta, si lo hay — es la pregunta que más se hace por WhatsApp

Lo que sí tenía bien resuelto

A su favor: el formulario de confirmación preguntaba acompañantes, alergias y si hacía falta autobús desde Sevilla, todo en el mismo sitio. Eso no es un capricho, es lo que el catering necesita para no servir cerdo a quien no come cerdo.

De ahí caí en un agujero de quince pestañas más

De la web de Vero salté a un foro donde alguien pedía opinión sobre la suya, y de ahí a otra, y a otra. A las tres menos cuarto tenía quince pestañas abiertas de bodas de parejas que no conozco de nada, comparando cómo contaba cada una lo mismo: dónde, cuándo y cómo llegar.

A esas horas ya no miraba como invitada, miraba como quien maqueta cosas para vivir. Empecé a fijarme en la tipografía, en si el mapa cargaba rápido con datos móviles malos —el de una boda en un pueblo de Teruel tardó ocho segundos, lo cronometré— y en cuántos clics hacían falta para llegar al formulario. La respuesta correcta es uno.

4 de 15 webs que miré esa noche tenían la hora de la ceremonia visible sin hacer clic

El error que vi en la mitad: contarlo todo menos lo importante

Historias de amor larguísimas, contadores de días con animación, una galería de fotos de la pedida de mano... y ni rastro de un formulario de confirmación. Está bien contar la historia, pero si el invitado tiene que escribir un WhatsApp aparte para decir que va, la web no ha hecho su trabajo.

Lo que sobra, aunque quede bonito

  • Música que arranca sola al entrar — la mitad la cierra antes de leer nada
  • Párrafos larguísimos donde cabría perfectamente una lista
  • Una cuenta atrás en segundos que no aporta nada a quien ya sabe la fecha
  • Fotos sin comprimir que tardan diez segundos en cargar en el móvil

La sección que nadie pone y todos agradecen

Un bloque de preguntas frecuentes, directo en la web: si se puede llevar niños, si hay lista de bodas o qué pasa si llueve en un cortijo sin techo cubierto de sobra. Son las mismas cinco preguntas que le llegan a la pareja por WhatsApp cuarenta veces, y contestarlas una vez en la web ahorra cuarenta conversaciones.

Cerré el portátil a las tres y media

Al final ni me acordaba de por qué había entrado. Cerré el portátil sabiendo exactamente qué pondría yo el día que me toque, si es que me toca, y con la sensación de haber cambiado noventa minutos de sueño por algo que ni siquiera era mío.

A la mañana siguiente le mandé un audio a Vero solo para decirle que la web le había quedado bien. No le conté la parte de las quince pestañas ni la de las tres menos cuarto. Algunas cosas es mejor guardárselas, y ella ya tiene bastante con lo suyo en septiembre.

Preguntas frecuentes

¿Qué tiene que llevar sí o sí la web de una boda?

Fecha, hora y lugar bien visibles, un mapa, y un formulario de confirmación con acompañantes y alergias. Todo lo demás es decoración.

¿Hace falta poner la lista de bodas en la web?

Si la tenéis, sí: ahorra la pregunta más incómoda de responder en persona. Si no la tenéis, mejor no dejar el hueco vacío, que invita a preguntar.

¿Cuándo hay que mandar el enlace de la web a los invitados?

Con la invitación, y de nuevo un mes antes como recordatorio. Cuanto antes tengan el enlace, antes confirman y antes tenéis la lista cerrada.

¿Es buena idea poner música de fondo?

Mejor que no sea automática. Muchos invitados entran desde el trabajo o en un sitio público, y lo primero que hacen si suena sola es buscar cómo quitarla.

¿Hasta cuándo conviene dejar la web abierta?

Un margen razonable son unas semanas después de la boda, para quien no pudo confirmar a tiempo o quiera repasar el mapa antes de un evento posterior.

El diario de Aitana es un relato: los personajes son inventados, los consejos no.

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