El diario de Aitana
Aitana cuenta su historia —citas, alguna boda ajena, algún fracaso propio— capítulo a capítulo, y en cada uno cuela algo útil de verdad para organizar la vuestra. Es un relato: los personajes son inventados, los consejos no.

Los Nogales nos dieron el sí con una condición: noventa personas, ni una más. Teníamos ciento ochenta nombres. Cómo recortar sin romper nada.

Elegimos fecha con una copa en la mano y nos dijeron que no en cuatro sitios seguidos. Cómo reservar fecha y finca sin perder la cabeza.

Marcos me lo pidió un martes, en casa, sin drones ni pancartas. Esto es lo que decidimos primero y lo que dejamos para más adelante, los diez días después del sí.

Un domingo cualquiera Marcos casi me pregunta algo y no dijo nada. Yo tampoco. Esto es lo que tarda de verdad organizar una boda, plazo por plazo.

Comida en casa de los padres de Marcos, mesa larga y una tía que pregunta cuándo nos casamos. Esto es cómo se reparten los invitados entre dos familias sin liarla.

Marcos subió a mi piso y Tuno, que no se acerca a nadie, se le quedó dormido encima. Esa noche hablamos de niños y mascotas en la boda: invitar o no, y cómo decirlo.

Desde un chiringuito en Cádiz vimos una boda en la playa con el mantel volando. Esto aprendí sobre casarse con los pies en la arena: lo bonito y lo incómodo.

En la boda de mi mejor amiga lloré sin esperarlo. Este es el timing real de un día de boda, hora por hora, con los márgenes que siempre se comen.

La despedida de mi mejor amiga, contada sin vergüenza ajena: cuánto costó, quién pagó qué y cómo preguntarle a la novia sin destriparle la sorpresa.

Conocí a Marcos en una barbacoa y me pareció soso. Esto es lo que aprendí organizando una boda en un pueblo de cincuenta y dos vecinos.

Segunda cita del mes, hora y media oyendo hablar de su ex. Hice cuentas del precio de la cena y salté a otra: cuánto cuesta de verdad cada invitado.

Fueron veinte minutos, un café y un móvil que no soltó en toda la cita. De vuelta a casa acabé haciendo la lista de invitados de una boda que no existe.

La invitación de mi mejor amiga llegó en un sobre precioso, con solo dos semanas de margen. Esto aprendí sobre los plazos reales para invitar.

En la boda de Clara me tocó la mesa 14, con primas segundas y un tío que repite batallitas. Esto aprendí a armar un plano de mesas sin dejar a nadie fuera.

Llevo veintisiete bodas contadas, casi siempre sola. Esto es lo que cuesta de verdad una boda en España, desglosado, sin el susto del número redondo.